“¡Oh, mierda, Bastien! ¡Ay, mierda!”, gime ella en voz alta, la mesa crujiendo debajo de nosotros.
"Dime, ¿A. Quien. Le. Perteneces?", gruño entre cada embestida.
"Tú, mierda…", gime ella mientras siento que sus paredes se cierran a mi alrededor y acelero, aguantando mientras espero a que ella venga y cuando ella grita, la suelto, cubriendo sus paredes con mi semen.
Sus piernas tiemblan cuando salgo y me aferro a ella con fuerza mientras me dejo caer en la silla detrás de mí y la pongo en mi