SEBASTIÁN
El sonido de los latidos de mi corazón golpeando fuertemente en mis oídos es todo lo que puedo escuchar mientras sus palabras resuenan en mi mente.
¿No soy su hijo? ¿Cómo es eso posible?
Me parezco más a él que a mamá… Aunque no quiera admitirlo, es la verdad.
“¿Qué quieres decir con que no soy tu hijo?”, pregunto en voz baja, pero la sorpresa se refleja en mi voz.
“Él no quiso decir eso, Sebastián. Aran, por favor, no hagas esto”, suplica mamá, con un dolor claro en sus ojos.
"¡