A la mañana siguiente, Leonardo se dirigió a la oficina de su padre, Don Rafael, con una mezcla de determinación y frustración. Necesitaba hablar con él sobre la situación con Catalina y buscar algún consejo, aunque dudaba de que su padre pudiera ofrecerle algo útil.
—Buenos días, papá —saludó Leonardo, entrando en la oficina.
Don Rafael, un hombre de negocios imponente y de pocas palabras, lo recibió con una mirada penetrante. —¿Qué te trae por aquí tan temprano, Leonardo?
—Quería hablar conti