La cena terminó con Leonardo sintiéndose satisfecho y aliviado. Catalina parecía haber aceptado su cortejo, y su plan seguía en marcha. Sin embargo, la mirada de Mateo lo había dejado inquieto. Sabía que su hermano no se dejaría engañar fácilmente.
Al día siguiente, Mateo decidió confrontar a Leonardo. Lo encontró en su oficina, revisando unos documentos.
—Necesito hablar contigo —dijo Mateo, entrando sin rodeos.
Leonardo levantó la vista, fingiendo sorpresa. —¿De qué se trata?
—No te hagas el