Se incorporó rápidamente solo para ver como la mujer sacaba la daga del colchón y avanzaba muy lentamente hacia ella, con una media sonrisa en los labios. Ella también lo hizo, hasta topar de espaldas con la mesa de centro que había en la habitación, y ahí permanecía de pie, vigilando cada movimiento de Amara. Debía llegar hacía la salida y pedir ayuda, advertir a Carl de su presencia, pero antes tendría que mover a esa mujer que se interponía en el camino.
Amara pareció leer sus pensamientos y