—Cuidado con ella.
Anastasio no comprendió el significado de esas tres palabras hasta que escuchó un impacto contra la ventana, haciendo que miles de fragmentos de cristales cayeran sobre el suelo.
Delante de él se alzaba orgullosa Deisy, el gran danés. Estaba en guardia sin dejar de gruñir y mostrar sus filosos dientes.
Anteponía su cuerpo para defender a su amo de aquel invitado no grato.
—También me desharé de ti — prometió Anastasio.
—Será mejor que no la subestimes — dijo de lo más calmado