- ¡Son unos malditos imbéciles!, ¡Quería que mataran a ese tío, no a mi mujer!- Los hombres temblaron ante la ira de Fernando.
- ¡Ya hombre!. Nadie sabia que ella se atravesaria por salvarlo.- El italiano rodó los ojos hastiado y molesto ante el arranque del español.- En otra vez haz tu el trabajo si crees que lo harás mejor.
Fernando se calló de golpe ante la peligrosa mirada del hombre. Aunque la ira aún seguía bullendo en su interior, sabía que no debía provocar a aquel ser desalmado.
Se enc