Un pitido incesante le taladraba la cabeza.
Sentía sus párpados pesados y su cuerpo como si pesara el doble.
La luz se colaba a través de la piel lastimando sus pupilas, pero su cuerpo exigía a gritos que abriera sus ojos.
Imágenes dispersas, flashes de momentos que no recordaba con claridad, empezaban a pasar cómo una película de mala calidad en su cabeza, borrosas, irreconocibles... Pero algo si era claro: aquel bang que aún le estremecia las entrañas.
Hizo un último esfuerzo y cerró sus ojos