Marco recorrió el pasillo con paso firme hasta detenerse frente al sanitario de mujeres. Miró el reloj por instinto y volvió a fruncir el ceño. Adelaide llevaba demasiado tiempo allí. Al principio golpeó suavemente la puerta.
—¿Adelaide?
Esperó unos segundos y no obtuvo respuesta. Volvió a llamar, esta vez con un poco más de fuerza.
—Adelaide... ¿estás ahí?
El silencio fue la única contestación. Una inquietud difícil de explicar comenzó a inquietarlo. Sin detenerse a pensar en el protocolo ni e