La reunión continuó con la misma elegancia que caracterizaba cada evento organizado por la familia Prieto. Los camareros recorrían el salón ofreciendo copas de vino y pequeños aperitivos, mientras empresarios, inversionistas y distribuidores conversaban sobre futuras alianzas comerciales. El ambiente estaba impregnado de música clásica, aromas a roble y el prestigio que el apellido Prieto había construido durante generaciones. Sin embargo, para Marco, el bullicio comenzó a desvanecerse. Sin pro