Marco permaneció frente a Adelaide sin saber qué responder. La frase de ella seguía resonando en su cabeza y, aunque había imaginado aquel encuentro durante meses, no estaba preparado para descubrir que su esposa había aprendido a vivir sin él. Su mirada recorrió nuevamente el lugar y terminó deteniéndose en Lorenzo, quien seguía junto a la mesa observándolo con cautela.
Marco sintió una punzada de celos al verlo, pero intentó contenerse porque sabía que no tenía derecho a reclamar nada despu