La noche cayó lentamente sobre la cabaña y el jardín quedó iluminado por pequeñas luces que Sofía había colocado alrededor de la mesa para celebrar aquel día tan importante. Sobre el mantel había comida preparada entre los tres, una torta sencilla y cuatro copas que esperaban el brindis. Mateo ocupaba su lugar junto a Sofía, emocionado porque aquella noche podía quedarse despierto un poco más tarde, mientras Lorenzo terminaba de servir las bebidas. Adelaide contempló la escena desde unos pasos