Seis meses después, la vida de Adelaide ya no se parecía en nada a aquella que había dejado atrás en el pequeño departamento. Las mañanas en la cabaña comenzaban temprano, entre el aroma del café, las conversaciones de Sofía con Mateo y el sonido constante de las teclas mientras Adelaide terminaba las últimas páginas de su libro. Durante aquellos meses había escrito, borrado, corregido y vuelto a escribir hasta conseguir que cada capítulo expresara exactamente aquello que quería transmitir. N