La cizaña de Antonia
Adelaide decidió no regresar inmediatamente a la mansión después de salir de la escuela. Al mirar la hora, recordó que Sofía vivía a pocos minutos de allí y, casi por impulso, tomó el camino hacia la casa de su hermana. Hacía muchos días que no compartían una tarde sin prisas, sin compromisos familiares o reuniones organizadas por los Prieto. Apenas llegó, Mateo corrió a recibirla con el entusiasmo de siempre, abrazándose a sus piernas antes de arrastrarla hasta la sala para enseñarle los dibujo