Tras la densa quietud del Taller Guiado de Intimidad, el grupo fue conducido —en silencio y de forma casi reverente— fuera del pabellón de madera hacia un claro aislado, bajo un amplio dosel blanco tendido entre árboles de cedro. Un círculo de cojines bajos los esperaba, con cada pareja distanciada y frente a frente. La tierra debajo era blanda, moteada por la luz filtrada del sol de finales de la tarde. El viento susurraba suavemente entre los árboles, lo justo para hacer temblar las hojas y m