El sol acababa de empezar a hundirse tras los tejados, proyectando un manto de luz dorada y anaranjada sobre la calle tranquila donde se encontraba The Quiet Brew. El cartel de «Cerrado» colgaba suelto en la puerta y el cálido aroma a granos de café tostados y canela aún perduraba en el aire mientras Katherine se movía en el interior, cerrando la vitrina de la bollería y apagando la cafetera por última vez.
Afuera, Carolina esperaba junto a la puerta, con los brazos cruzados ligeramente y una c