Kingsley fue dado de alta del hospital dos días después.
No habló mucho durante su estancia. Los médicos le hacían preguntas, y él respondía con frases cortas. Las enfermeras lo revisaban, controlaban sus signos vitales y ajustaban los sueros. A lo largo de todo eso, Kingsley decía muy poco. Pero cada vez que Katherine lo visitaba —dos veces al día, sin falta— sus ojos se suavizaban, como si el nudo de dolor en su pecho se aflojara un poco.
Era su presencia lo que lo mantenía en pie. No la medi