Las semanas habían pasado como un sueño extraño—lento, brumoso, enredado en momentos silenciosos que parecían demasiado frágiles para tocar y demasiado poderosos para ignorar. Kingsley ya no era el hombre destrozado que Katherine había encontrado aquella noche al borde de la carretera. Tampoco estaba completo. Pero había… quietud en él ahora. Una especie de calma que la inquietaba.
Era una mañana de sábado cuando ella llegó de nuevo. El sol apenas había salido, pero ella ya había preparado su c