La luz de la tarde atravesaba los pinos en suaves haces dorados, inclinándose entre el dosel del bosque como hilos de calidez arrancados directamente del cielo. Después de la pesada mañana de trabajo frente al espejo —después del silencio, del enfrentamiento consigo mismos, del dolor de sostener su propia mirada durante demasiado tiempo— había algo casi sagrado en la manera en que los facilitadores del retiro guiaban suavemente a los campistas por el sendero de madera hacia el siguiente espacio