El cielo empezaba a teñirse de dorado en los bordes, y el lago brillaba bajo la luz del atardecer como si se sonrojara con secretos. Todo a su alrededor estaba en silencio, esa clase de quietud sagrada que solo la naturaleza podía brindar: olas suaves rompiendo en la orilla, pájaros anidando en las altas cañas y el viento rozando ligeramente sus pieles como si estuviera escuchando a hurtadillas.
Katherine y Kingsley caminaron lado a lado por el sendero de madera hasta llegar al estrecho muelle