El sol brillaba cálido y alto sobre el claro, filtrándose suavemente a través del dosel entrelazado de los altos árboles. El aire era fresco y silencioso, alterado únicamente por el leve zumbido de insectos lejanos y el trino ocasional de algún pájaro que parecía opinar desde su escondite. Cerca del límite del bosque se había preparado una gran zona abierta, con cajas y tablones de madera esparcidos por la hierba en pilas desordenadas y prometedoras. Los rollos de cuerda esperaban en el suelo,