Pasaron dos años, no con la velocidad de un torbellino, sino con el ritmo lento e intencional de alguien que reconstruye su vida pieza por pieza.
La vieja panadería de Spring Street se había transformado. Lo que antes era una reliquia olvidada ahora lucía un letrero de madera iluminado que decía The Quiet Brew. Debajo, unas cálidas luces doradas enmarcaban una puerta verde salvia con paneles de vidrio que dejaban ver un espacio lleno del aroma de espresso, pasteles con miel y paz.
Katherine est