El suave zumbido de la calefacción llenaba la habitación. Era una de esas tardes lentas, de las que parecen estirarse perezosamente sobre el reloj. Afuera, una ligera llovizna golpeaba suavemente el cristal de la ventana. Adentro, Katherine y Carol estaban sentadas descalzas sobre la alfombra de la sala, medio hundidas entre un montón de cojines, con dos tazas de té entre ellas y un recipiente abierto de biscotti que ya iba por la mitad.
Katherine llevaba su sudadera más suave, con el cabello r