Sasha entró sigilosamente a la habitación de Taro, y no lo encontró por ningún lado, su corazón dió un vuelco en su pecho y buscó por todos lados.
—¿Taro.... dónde estás cariño? — Preguntó, caminó despacio hasta llegar a la terraza y lo encontró sentado mirando las estrellas.
—Aquí estoy maestra.....—respondió sin mirarla.
—Te dará un resfriado cariño. —dijo y volvió por una manta.
Lo cubrió desde atrás y lo abrazó para que sintiera calor.
—Asi está mejor. ¿Puedo acompañarte?
—Claro que sí.
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