Con el corazón en la garganta, Dante tuvo que tragar antes de volver a hablar.
–“¿Ah no? ¿Entonces?” –preguntó tratando de controlar su emoción
–No, yo estaré contigo y te ayudaré en todo –dijo Anna, quien se sentó en el alfeizar de su ventana –Para ese entonces, ya tendré un año en la manada y ya los habré conocido a todos al igual que el territorio, así que, sin duda, podré ayudarte, o al menos, eso espero, pues de momento, sólo veo las mil y un responsabilidades que ahora tengo…–
Al escuch