Al verse ignorada, la joven loba cerró los ojos, no podía seguir viendo como el rostro de su compañero se mantenía oculto entre los pechos de Ceres, quien al notar lo que ella veía, con una de sus manos, empujó la cabeza de Dante contra sus pechos con más fuerza, algo que a ella le arrancó un sonoro gemido.
― ¡Dante! ―exclamó Catherine horrorizada al ver la escena, pues justo en ese momento, Ceres comenzaba a hacer movimientos circulares con sus caderas
Rehusándose a seguir escuchando los gemid