Epílogo.
Sintiendo como el corazón se subía hasta su garganta, Anna subió las escaleras siendo seguida por Byron, quien, al llegar al segundo piso, la tomó de la cintura y la instó a seguir subiendo al sentir las ganas que tenía de salir corriendo hacia su habitación para hacer algo de tiempo.
― ¡Ah! Buenos días princesa ―la saludó un joven que parecía una copia exacta de Ragnar, solo que mucho más joven ―Por fin te veo temprano en casa ―
―Buenos días, Sander ―dijo Anna con una sonrisa ―Sucede que papá