Confundido por las palabras de Ragnar, Giotto movió las orejas e inclinó la cabeza hacia los lados, mostrando así, la confusión que sentía, por lo que Elizabeth, se acercó a él y le rascó la cabeza, gesto que hizo ronronear al lobo.
―Lo que pasa es que tú también creciste mucho ―dijo Elizabeth con orgullo
―Permítame ayudarla señorita Elizabeth ―dijo Ragnar cuando Giotto se echó sobre sus cuatro patas y la joven dudó en como subir a su lomo, pues incluso echado, el lobo era demasiado alto
―Graci