Capítulo 36: Mi pequeña traviesa.
Clavando sus ojos en él, Anna le dedicó una dulce sonrisa al mismo tiempo que asentía suavemente.
―Estoy muy segura… ―jadeó ella antes de cerrar la poca distancia que había entre sus labios atrayendo hacia ella la nuca de su compañero
Cediendo ante sus deseos, Dante la besó con ferocidad mientras que, una de sus manos, recorría el suave y curvilíneo cuerpo de su compañera, la cual, se estremecía con cada roce.
― ¿Puedo probarte? ―preguntó Dante sonriendo cuando Anna, gimió suavemente cuando él