Capítulo 12: Nada que esconder.
Ante su evidente emoción, el joven no tardó en devolverle la sonrisa, por lo que apresuró su paso y al estar lo suficientemente cerca, se apresuró a tomar una de las manos de la joven para llevarla a sus labios.
―Buenas noches, señorita ―la saludó Armin con un tono sumamente formal, algo que hizo reír a Anna, mientras que, a Dante, lo hizo rodar los ojos
―No me lo tomes a mal, pero ¿qué haces aquí? ―preguntó Dante apartando a Anna suavemente del alcance de Armin
―Oh, venga ya, es sólo un saludo