Capítulo 80. El ego de un ruso.
—¿Dónde quedó la determinación del mensaje?— me hace delirar no poder darle libertad a mis impulsos. —Te percibía más relajada en esas palabras.
—Toda mi serenidad se fue al verte— contesto viendo al infeliz que mantiene los brazos cruzados. —Has de estar acostumbrado a ser tan incómodo de tratar, pero estoy aquí para recordarlo.
Su sonrisa me molesta. Qué esté cerca me molesta. Que me vea como lo hace me molesta.
—¿Por qué no te vas?— termino por explotar. Pero él sigue riendo como solo lo h