Capítulo 9

Estaba inmovil, más que eso... demasiado quieta, no lograba escuchar su corazón, la plata del lugar disminuye mis sentidos. 

Apenas el guardía quitó el cerrojo y me lancé de inmediato hacía ella, no me importó nada más que ella. 

—Alfa la plata —escuché a alguien detrás. 

En el instante que entré a la celda sentí la plata quemando mis venas, esto es lo que ella ha estado soportando todo este tiempo, me fijé en ella. La levanté en mis brazos y la saqué de ahí lo más rápido que pude.

 Al salir el guardia se hace a un lado, igual que los demás. 

—Alfa Graham, ¿qué está haciendo? —preguntó Kenny, pero no le respondí. 

Salí de las celdas hacía la casa de la manada, caminé por el pasillo, escuché a los demás que me estaban siguiendo, pero no me detuve, seguí hasta llegar a mi habitación. 

—Llamen a un médico y que venga una Omega para que ayude a limpiar a la chica —ordenó Collin. 

—No entiendo —murmuró Kenny —. ¿Es alguien conocida? ¿Cometimos un error? 

—Por ahora solo necesito que obedezcas. 

Collin lo sabe, pero no lo dirá. No le corresponde.

Al llegar a mi habitación, la llevé a mi cama, la recosté sobre la almohada y me quedé quieto un instante, pudé escuchar su corazón, es un latido débil, pero ahí está. 

Tiene golpes en el rostro, sus muñecas tienen marcas de las esposas, seguramente se las han colocado más de una vez, está sucia y se ve más delgada, su piel está más pálida de cómo la recuerdo. 

—Te estuve buscando —le murmuré. 

Rocé un poco mi  mano en su mejilla, ella se estremeció enseguida, como si pensaba que le iba a hacer daño, no lo iba a hacer, es posible que ni siquiera supiera que soy yo, que estoy aquí para ella. 

¿Por qué huyó de mí? ¿Por qué está aquí? ¿Quién es ella en realidad? 

—¡Graham! ¡¿Qué demonios está pasando?! 

Kassidy abrió la puerta y entró a mi habitación con brusquedad. Su presencia y palabras hicieron que ese pequeño momento se desvaneciera. Ella se quejó y tuve que alejarme. 

Alejarme otra vez. 

Me giré hacía Kassidy, la tomé del brazo con fuerza y la empujé hasta llegar afuera de mi habitación. 

—Graham, ¿Qué estás haciendo? 

—¡Lárgate!

Kassidy se quedó petrificada, todos alrededor dieron un paso atrás, el silencio fue pesado durante un segundo, creo que incluso no se atrevían a respirar. 

—Disculpen, voy a pasar, soy el médico. 

El médico fue quién rompió la tensión del momento, detrás de él venía una de las sirvientas con ropa entre las manos. Apenas me dí cuenta de lo agitado que estaba respirando y lo fuerte que tenía apretada la mandíbula. 

—Kenny, ven aquí —gruñí al darme la vuelta y volver a entrar. 

—Sí Alfa. 

El médico fue a revisarla, le indicó a la Omega como debía moverla, entre los dos le limpiaron las heridas y le cambiaron la ropa. 

—Alfa —murmuró Kenny. 

 —¿Qué es lo que sabes de ella? ¿Cuál es el reporte? 

—Según el guardía Lou la encontraron en los límites de la manada, se identificó como Rosselyn Davidson, dijo que era de esta manada y que estaba de viaje, algo sobre que su padre era un comandante y preguntó por el Alfa Roy. 

—El Alfa Roy está muerto —gruñí. 

—Sí Alfa, se le explicó y se le dió la oportunidad de irse, según el protocolo —se aclaró la garganta —. Otro miembro de la manada, el Delta Noel la identificó como una traidora peligrosa, durante su captura venció a cuatro guardias. 

—¿Cuatro? ¿Los mató? 

—No… solo fueron noqueados, ellos están bien —aclaró —. Lograron detenerla con las esposas de plata y luego se le llevó a las celdas, se le consideró peligrosa por su fuerza, por eso ha estado en la octava celda. 

Miré como el médico le indicó a la Omega que la moviera, al momento de hacerlo, ella se quejó. 

Ella… Rosselyn. 

Ese es su nombre. 

Rosselyn Davidson. 

—Davidson —repetí —. Averigua a todos los  miembros de la manada que se apelliden Davidson y sobre todo en los registros, algún guerrero principal. 

—Muy bien. 

—¿Algo  más que deba saber? 

Hubo un silencio de parte de Kenny, me está ocultando algo. Si tiene algo que ver con sus heridas me lo tiene que decir, no pudo hacerse eso ella sola, alguien la ha estado torturando y tengo que saberlo. 

—Bueno, Alfa… —aclaró la garganta —. Le tengo que confesar que hemos guardado toda esta información de forma confidencial.

Afilé la mirada en su dirección, pude ver el temblor en su mano. 

—Confidencial que solo tres personas lo saben, es que… la señorita Miles… bueno… sé que le tiene apreció y perdone que se la mencioné pero ella en cuánto se enteró de un traidor quisó que la mataramos. 

—¿Qué? 

—Ella pidió que los guerreros acabarán con su vida, pero le dejamos claro que usted nos ha ordenado no acabar con más vidas, después de la pelea que tuvimos para tomar el control de la manada Norte, nuestras muertes, más las de ellos y la caída de su Alfa, se ha acabado todo tipo de agresión. 

—Entiendo, ella no lo sabía —comenté —. Le voy a explicar más tarde que no puede ordenar matar a nadie solo así. 

—Sí Alfa.

—Kassy a veces solo se deja llevar por lo que ve, no debí exponerla a la batalla, pero no podía dejarla sin protección, nuestro territorio se estaba deteriorando y ahora estamos en un mejor lugar, estoy seguro que pronto se va a acostumbrar a estar aquí, solo dale tiempo y si necesita algo solo se lo das, pero no sigas sus ordenes, de acuerdo. 

—Sí Alfa. 

—Le acabo de gritar y seguramente estará un poco mal, traten de que se calme, llevala al pueblo, que conozca y si quiere algo, compraselo. 

—Como usted ordene, Alfa. 

—Y cuando tengas la información de los Davidson, me los traes enseguida. Ahora vete. 

Aceptó, miró un poco Rosselyn en la cama y luego se fue. 

Me acerqué con el médico y la Omega que seguían tratando a Rosselyn. 

—Está débil —mencionó al verme cerca —. La plata le afectó mucho y su fuerza lobuna casi ha desaparecido, eso retrasa la curación de sus heridas —señaló —. Tiene deshidratación y está comenzando a desnutrirse, le dejaré un suero por veinticuatro horas, además de algunos analgesicos para el dolor, pero lo mejor será que despierte y coma bien. 

Mi mandíbula se tensó, mi respiración se agitó, la han estado tratando mal todo este tiempo. 

¿Quién demonios hizo esto?

Fue cuando el médico que levantó y se acercó a mí, se veía más cauteloso. 

—Hay otra cosa que debe saber —murmuró. 

—Habla. 

—No estoy seguro…—titubeó —. Es solo una suposición y debo hacerle exámenes, pero creo que la chica está embarazada. 

El corazón se me detiene al instante. 

—¿Cuánto tiempo? 

—Lo sabré al hacerle los exámenes, se lo advierto, no estoy seguro, el latido en su vientre es débil, pero logró escucharlo, tenemos que esperar, además en su condición podría perderlo…

Lo tomé del cuello y lo levanté para que me viera a los ojos. 

—Acabaré con usted primero antes de que lo pierda. 

—Sí, Al… Alfa… no lo hará… me encargaré personalmente. 

Se tambaleo cuando lo bajé, fue directo a Rosselyn y le sacó unas muestras de sangre, le colocó suero y las medicinas necesarias, dijo que vendría a casa dos horas para vigilar, le ordenó a la Omega quedase atenta, pero la saqué en el momento que le médico que fue. 

Me acerqué a la cama, me incliné y descubrí su hombro para ver mi marca, estaba curada, ella me aceptó como su pareja. 

“El cachorro es nuestro” gruñó Skroll mi lobo.

“Lo es, estoy seguro.”

Le ví el vientre y luego subí la mirada a su rostro, una sonrisa lenta y peligrosa se formó en mis labios.

—Claro que sí… No ibas a escapar de mí... Eres mía.

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