Mundo ficciónIniciar sesiónGraham…
No era una simple Omega. Suponerlo fue mi primer error.
Desde el momento en que su aroma tocó mis sentidos aquella noche, supe que algo no encajaba, pero estaba demasiado ocupado dentro de ella que lo ignoré.
Pensé que dejarle un guardia sería suficiente, creí que era débil, incluso sin lobo y que él podría manejarlos, después de todo no quería llevarla a la manada Sur y exponerla con asuntos que seguramente no entendería, pero me equivoqué.
Seguimos su rastro por el bosque. Estaba ahí, débil pero inconfundible.
Ese aroma… maldita sea. A caramelo, suave pero atrevido, no era de un lobo débil y dócil… no era de una Omega.
El rastro nos guió por el bosque, pero desapareció a un par de kilómetros. Incluso sabía cómo desaparecer, no es cualquier chica. Localicé una ciudad cercana y les ordené buscarla ahí. Collin estuvo en contra, pero era una orden, ellos sabían que debían ser sigilosos.
Mi lobo no se calmaba, quería a su chica de vuelta, eso lo sé. Gruñía de impaciencia, así que está aquí o al menos lo ha estado.
Terminé del otro lado de un restaurante, no hay aroma rastreable, pero hay algo ahí.
Mis dedos se tensaban dentro de los bolsillos, aún podía verla. No con los ojos, sino con la memoria, su cabello castaño, sus ojos claros, esa piel tersa y suave, su aroma que se me metió bajo la piel.
—Es inútil —Collin llegó a mi lado —. Hemos buscado por toda la ciudad y no hay ningún lobo.
—Tiene que ser aquí.
—Hemos buscado en cada calle, edificio y rincón de este jodido lugar, te aseguro que no está aquí.
Miré de nuevo al restaurante, mientras había un silencio entre nosotros.
—Han pasado más de una semana, Graham.
—¿Y? –pregunté sin mirarlo.
Exhaló con frustración, ha estado así los últimos días.
—Y tenemos que volver. Eres el Alfa. No puedes desaparecer así. La manada te necesita.
—Estoy ocupado ahora.
—Buscando a una desconocida —respondió —. Le estás dando demasiada prioridad a algo que ni siquiera entendemos.
Lo ignoré y crucé la calle de inmediato, es suficiente, este restaurante tiene algo, tal vez estaba ahí, aunque no sienta su aroma, tal vez se estaba escondiendo, como hizo desaparecer su aroma en el bosque.
Mi lobo se mueve inquieto al entrar al lugar, solo hay personas, pequeñas, altas, gordas y delgadas, se mueven deprisa de un lado a otro, los humanos siempre son un poco curiosos.
Tomé lugar en una mesa y una chica llegó enseguida.
—Buenas tarde, ¿Qué desea ordenar?
Es una chica rubia de ojos claros, tiene el uniforme de camarera, no me miró hasta unos segundos después de no recibir respuesta de mi parte.
—Señor, va a ordenar algo —señaló el menú sobre la mesa.
Miré el menú un instante antes de poner mi atención en ella.
—Busco a alguien —comenté con la voz más grave de lo normal.
—No sé si…
—Es una mujer, tiene el cabello castaño, ojos celestes y su piel es color caramelo –le indiqué —. Es delgada, pero no sé ve frágil y probablemente tiene una marca en el hombro.
La chica me miró confundida y asustada, pero creo que sabe de quién estoy hablando.
“La ha visto” gruñé mi lobo.
—La necesito —insistí en un tono más bajo—. Me harías un gran favor si me dices dónde está.
Ella abrió la boca, iba a decir algo… al fin la iba a encontrar.
—No… lo lamento, no he visto a nadie así.
Es mentira, ella lo sabe, claro que la ha visto y es posible que estuviera aquí. Si la secuestro y la torturo un poco seguro me lo dirá.
—Aquí estás. —Collin llegó y tomó el asiento frente a mí —. ¿Qué carajos haces? Tenemos que irnos ya.
—Les daré tiempo para ordenar —murmuró la chica mientras se alejó de prisa.
—Estuvo aquí —le mencioné a Collin —. Esa chica sabe algo.
—Solo es una camarera —señaló —. Y tal vez estuvo aquí, pero ya no está, no hay aroma, ni presencia, no la vamos a encontrar.
No le respondí, estaba a punto de ir por la chica, voy a rodear el restaurante y cuando salga la voy a interrogar.
—Dejaremos al guardia vigilando la ciudad —mencionó Collin —. Tenemos el vestido y el aroma de la habitación, regresemos a la manada y enviaremos a los mejores rastreadores, ellos la vana encontrar, te lo aseguró —insistió —. Pero tú, eres el Alfa y tienes que volver a la manada ahora o lo vas a perder todo.
Mi mandíbula se tensó, no quiero irme, mi lobo no quiere irse, pero es lo que tengo que hacer, hay una manada que cuenta conmigo.
—Bien.
Me levanté furioso y salí del restaurante, nos encontramos con los otros lobos, dejamos a uno en la ciudad, nos vamos a mantener en contacto por si la chica aparece. Dejamos la ciudad y manejamos de regreso a la manada, fue el viaje más largo y detestable en mi vida, sentí como si estuviera dejando algo en el camino, una parte de mí.
—Ellos la encontrarán y la traeran a la manada, si no lo hacen yo mismo regresaré y la buscaré —comentó Collin, seguramente debe estar preocupado de pueda hacer una locura.
No le respondí, cada segundo que pasó lejos de ella me irrita, me consume y si algo le pasa, no podría perdonarme, ya perdí una pareja en el pasado, cuando no era un Alfa. No puedo perder a otra pareja.
—¡Graham!
Escuché la voz de Kassidy al bajar del auto, está esperándome en la entrada de la casa, al verme corrió hacía mí a abrazarme.
—Que bueno que llegaste, te hemos extrañado tanto —expresó —. ¿Cómo te fue en tu viaje? ¿Arreglaste tus cosas?
Solo le había dicho que tenía unas cosas que arreglar, no necesita saber más. Kassidy es hermana de Kassandra, mi primer pareja, prometí que la cuidaría después de que Kassandra perdió la vida.
—Lo hice.
—¡Qué bien! —exclamó —. Le diré a los cocineros que preparen una gran cena, seremos tu y yo, podrás contarme todo, ya que no pude ir contigo.
Enseguida apareció Kenny, uno de mis hombres que deje a cargo de la manada.
—Claro ve.
—Pero tu puedes venir conmigo y escoger lo que quieras comer, será especial.
—Después —le respondí y me dirigí a Kenny —. ¿Qué ha pasado?
—Pero Graham…
—Ve a hacer lo que estabas haciendo antes de que viniera, Kassy —le señalé hacía la casa —. Kenny, los reportes.
Kassidy quiere hablar, pero Kenny lo hace más fuerte y le prestó atención, me habla sobre los recursos, sobre los miembros de la manada, algunos todavía se resisten a que hay un nuevo Alfa a pesar de que derroté justamente a su líder y acabe con su vida, ahora yo soy su nuevo Alfa, pero ellos aún no lo ven de esa manera.
—Y hay una fugitiva en las celdas.
—¿Una fugitiva? —dudó Collin —. ¿Qué quieres decir con eso?
—Una desconocida apareció hace unos días. Según el informe de los guardias dice que mencionó ser parte de la manada, pero uno de los miembros anteriores mencionó que es una fugitiva, por seguridad la colocamos en una de las celdas.
—No hay registros de la manada que hubiera un traidor, aunque nos hace falta un miembro, podría tratarse de ella —reconoció Collin.
—¿Dónde está? —dudé.
—En octava celda.
—Es la del fondo —mencionó Collin asombrado.
—Sé que fue un poco rudo colocarla ahí, pero por su mención de la traición es mejor ser precavidos
—Yo también me encargue de ella, Graham —mencionó Kassy con orgullo —. Ayudé a dirigir el lugar, soy una gran líder, sabes.
Algo no está bien, los ignoró y voy directo a las celdas, escuchó que Kenny me advierte que no debería entrar, pero hay algo que no me gusta.
Cuando estoy bajando las celdas el aroma a caramelo entra por mis fosas nasales y llena cada una de mis venas, me apresuró a bajar y cuando llegó al fondo del calabozo, a la última celda la veo.
Es ella, ahí está en el suelo. El gruñido sale de inmediato desde lo profundo de mi pecho.
—¡Abrán la puerta! ¡Saquenla de ahí! —rugí.







