Capítulo 5

Graham Zegers.  

Pasé mis manos por mi boca cuando recordé esos labios suaves y tibios, la forma en que se abrieron cuando mi boca los rozó. Su piel delicada y tersa, la forma en que se estremecía cuando mis dedos la tocaron. Y su jodido aroma, podría jurar que aún lo sentía en mí, era dulce y natural, todo en ella era excitante, como si la Diosa misma la hubiera creado solo para tentarme.  

Lo peor era recordar cómo había reaccionado su cuerpo bajo el mío. La forma en que tembló y se agitó debajo de mí. Tengo que volver y hacerla mía otra vez, quiero tenerla contra la pared y que sus manos se aferren a mí. 

—Alfa Graham.

—¡Alfa Graham!

Parpadeé un momento, levanté la mirada hacía Collin que parecía estar fastidiado por mi falta de atención, el lugar estaba en silencio, pero no un silencio cómodo o tranquilo, era más bien de esos que advierten que en cualquier momento alguien va a romperlo… y no va a ser bonito.

Apenas me moví de la silla y lo miré. 

—¿Terminaste?

El Alfa Max golpeó la mesa con la palma abierta.

—¿Terminó? —repitió furioso—. ¿Eso es todo lo que tienes que decir?

Lo miré por primera vez desde que empezó la reunión, no tenía ningún interés en él, había heredado el cargo de Alfa por su padre y no se había esforzado en nada para obtenerlo, eso lo hacía débil y no me interesaba.

—No —respondí neutro—. Ahora voy a hablar yo.

Me incliné hacia adelante, apoyando ambos antebrazos sobre la mesa.

—Todo acuerdo hecho con el anterior Alfa de la manada Norte… —hice una pausa leve, dejando que mis palabras pesaran— queda anulado.

Max se puso de pie de golpe.

—¡No pueden hacer eso! —gritó furioso, su perdida de control dejaba mucho que desear. 

—Ya lo hice —alcé una ceja —. No me interesa tener ninguna alianza con su manada, se acabó.

El gruñido que salió de su pecho fue casi animal.

Antes de que pudiera decir algo más, Collin,  mi Beta  intervino, su tono calmado pero firme.

—Esto nos deja con el otro asunto importante —dijo—. Uno de nuestros miembros está aquí, hemos venido hasta aquí precisamente por él. 

Pude ver la duda en los ojos de Alfa Max, fue en un segundo, pero no pasó desapercibido, algo sucede. 

—No se lo pueden llevar —contestó Max. 

Hay duda, lo sé, no sabe ni siquiera disimular. 

—No tiene nada que hacer aquí y no les causaremos molestias, nuestros territorios están lejos, así que no tendremos problemas si cada uno se queda en su límite. .

El silencio volvió, pero esta vez era de incomodidad.

Felix, el Beta de Max, dio un paso al frente.

—En este momento… no es posible.

Mi mirada se clavó en él.

—Explícate.

Felix sostuvo mi mirada más de lo que la mayoría se atrevería. No era amenazante, al contrario, emanada cierta tranquilidad, creo que con él se podría hablar mejor que con su ridículo Alfa. 

—Está indispuesto —respondió con cuidado—. Pero en cuanto pueda volverá. 

—¿Le pasó algo? —dudó Collin —. Lo llevaremos así. 

—No será necesario —intervino Felix rápidamente—. Nosotros mismos lo entregaremos. Después de todo… nosotros lo trajimos y es nuestra obligación llevarlo… es solo que está con una familia ahora y seguramente será difícil irse, dejenlo que se quede unos días más y luego lo enviaremos a casa. 

Esto huele a mentira, algo está pasando, es posible que hayan acabado con el miembro de la manada Norte, apenas llevó un mes ahí y no los conozco a todos, además que tuvimos que hacer algunos cambios, dejamos vivo al Beta lo suficiente para que nos mantuviera al tanto de la situación en la manada y nos habló sobre un acuerdo con la manada Sur, que habían enviado a alguiena aquí para forjar alianzas, a mi no me interesa así que hemos venido a arreglarlo, pero esto parece más profundo de lo que es. 

El silencio se alargó unos segundos más. Collin me miró de reojo y le hice una seña para que él decidiera, si me meto, le quitaré la cabeza a ese Alfa y por ahora no necesito otra manada. 

—Está bien —cedió—. Pero esto no queda así, estaremos en contacto, ustedes saben que cada miembro de nuestra manada es valioso y lo queremos de vuelta, tenerlo aquí no los beneficia en nada si el trato se canceló, entienden.

Max no respondió, pero no hacía falta, todos aquí sabemos que esto no ha terminado, estoy seguro que me van a dar problemas en el futuro, pero ahora no venimos a pelear. 

La reunión acabó y nos levantamos sin despedirnos y sin cortesía, simplemente nos fuimos..

Al salir del edificio volví a tener la imagen clara de la chica, la forma en que se aferró a mí… 

—Algo no está bien.

Abrí los ojos al escuchar a Collin, venía a mi lado, ibamos hacia el auto para salir, pasaremos a la cabaña y nos iremos a casa. 

—Por favor, no me digas que estás pensando en esa chica otra vez. 

—Es exactamente lo que estoy haciendo y no de una forma decente. 

—Puedes dejar eso por un rato y centrarte aquí, te estoy diciendo que ellos ocultan algo, es posible que tengan al miembro de la manada en una celda o tal vez haya muerto. 

—No tiene sentido que lo retengan, el trato se canceló, dejalos que ellos decidan, solo vamos a casa. 

—Seguramente hablas de la cabaña, no de casa, solo quieres ir con esa chica de nuevo —mencionó mientras veía a ambos lados, parece paranoico. 

—Si, volveré a la cabaña por esa chica y luego nos iremos a casa, eso es lo que quieres saber. 

—Por favor, Graham, vi a la chica —comentó con simpleza —. Es guapa y seguramente te hizo maravillas en la cama, pero no la conoces y parecía un poco loca.

Me detuve en seco al escucharlo, él se detuvo unos pasos cuando vio que yo lo hice, es posible que me haya visto lo suficientemente enojado porque enseguida levantó las manos, rendido.

—Perdón, pero solo digo la verdad. 

Sonreí. Pero no era una sonrisa amable.

—Cuida tu tono con tu futura Luna —le gruñí y seguí caminando, él se apresuró a llegar a mi lado. 

—¿Qué? 

—La marqué anoche. 

—¿Me estás jodiendo? —cuestionó —. Graham has perdido la cabeza, no puedes marcar a una desconocida. 

—Puedo, y ya lo hice. 

—¡Joder Graham! ¡Ni siquiera sabes quién es! 

—Sé lo suficiente —contesté cortante. 

—¿Así? Dime su nombre —se quedó un momento en silencio esperando mi respuesta, no lo hice porque no lo sabía, estuve algo ocupado anoche como para saber su nombre —. ¿Edad? ¿De dónde es? ¿Qué es?

—No necesito saber eso —aclaré —. Es mía. 

—No es tu pareja, no puedes ir marcando chicas por ahí —señaló.

—No marco chicas, solo a ella. 

—Pero es una desconocida, tal vez es humana. 

Es posible que lo sea, anoche no sentí en ningún momento algún poder lobuno, aunque habló de parejas, tal vez es una Omega, no me importa, solo sé que ella se entregó a mi, era virgen y se había guardado para su estúpida pareja que rechazó, así que ahora es mía y nadie me va a contradecir. 

Collin se pasó una mano por su cara, frustrado.

—Estás loco.

Tal vez, pero nunca había estado más seguro de algo en mi vida.

—Como sea —suspiró —. Voy a dar una vuelta para ver si alguien sabe del miembro de nuestra manada, llegaré en dos horas, te da tiempo de estar con tu desconocida y luego regresamos a la manada. 

—Haz lo que quieras. 

No me importaba lo que hiciera, ahora mismo quería estar en otro lugar. 

Collin se quedó y yo caminé hasta la cabaña, no estaba muy lejos del territorio aunque ahora lo sentía así. 

Conformé avanzaba mi pulso se aceleró, mi lobo estaba inquieto en mi interior, quería estar con ella, esa chica tenía algo adictivo, su aroma, su piel, sus labios, solo quería ir por ella ahora mismo. 

Sin embargo, cuando llegué y vi al guardia rodeando la cabaña lo supe desde antes, él me vio y se tiró al suelo enseguida. 

—Perdóneme Alfa… —tembló 

—¿Dónde está? —gruñí.  Estaba seguro que podía sentir su aroma a kilometros, la chica no estaba aquí. —¿Dónde… está?

—Huyó —señaló al bosque —. Dijo que iba a ir por desayuno, pero salió de la cabaña, intenté seguirla, pero desapareció. 

—¡¿Desapareció?! —Lo tomé del cuello y lo levanté del suelo —. ¡¿Cómo carajos se te escapa una Omega?! 

—Intenté seguirla, lo juro….

Le dí un golpe en la cara, cayó al suelo de inmediato. 

—¡Eres un inútil! 

El rugido salió de mi pecho sin control.

Los hombres afuera se quedaron inmóviles al vernos.

—¿Qué carajos ven? —grité —. ¡Búsquenla! —ordené—. ¡AHORA!

El bosque entero iba a moverse si era necesario. No me importaba cuánto tiempo tomará. No me importaba a quién tuviera que acabar. La voy a encontrar cueste lo que cueste, volverá a mi lado.

Ella es mía. La marqué. Es completamente mía.

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