Robin tomó un largo trago de su bebida antes de apuntarme con el dedo.
—Deberíamos ir a bailar.
—Por supuesto que no —sonreí.
Estoy demasiado sobria para eso y no quiero alejarme de la mesa, hay demasiadas personas aquí.
—Necesitas divertirte, ya te lo he dicho, luego el bebé va a venir y ya no podremos bailar.
—Eso es verdad —comentó Shyla —. Cuando nació mi hermano pequeño, mi madre ni siquiera podía bañarse tranquila, cada vez que intentaba tomar una pequeña siesta, él empezaba a llorar y