El aire en la oficina cambió en el instante en que él entró.
No necesitaba verlo cuando podía sentirlo.
Mi corazón reaccionó antes que yo, acelerándose de forma traicionera, como si no hubiera pasado una semana entera odiándolo, como si no hubiera repetido mil veces que ya no me importaba.
Apreté el lápiz entre los dedos.
Esto es ridículo, ya no debería sentir nada, no por él. Ni siquiera recordaba la última vez que pensé en Alan de esa forma… ¿por qué con Graham era diferente?
Recordé la marc