—¿Y cómo estuvo tu día, cielo? —le preguntó mi madre a Ian.
El silencio en la mesa mientras cenamos era casi sepulcral, sabía que yo era la razón principal, estaba jugando con mi comida, ya hace una hora deje de mirar a la puerta, era ridículo, yo sabía que Graham se había ido, ese idiota me dejó aquí y luego se fue, no debería sorprenderme, todos los hombres son iguales.
—El entrenamiento estuvo mejor —contestó Ian —. El Alfa uso otro tipo de entrenamiento y nos hizo mostrar nuestras habilid