Capítulo 30

Su voz era tan cálida y cercana, pude sentirla en mi interior antes de levantar la mirada.

Intenté verlo tranquila, pero ya me estaban temblando las manos.

—Hola.

Me arrepentí enseguida de decirle hola, debí decir algo más, pero no me puedo concentrar.

—¿Cómo estás? —preguntó él con una sonrisa.

—Bien, solo vine a dejarles comida, es parte de mi trabajo.

Hubo un pequeño silencio. Creo que fue muy grosero de mi parte, tal vez debo arreglarlo, estoy pensando demasiado, ¿cierto? ¡¿cierto?!

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