Lyn…
El dolor no era lo peor.
Lo peor era saber.
Saberlo todo de golpe, como si alguien hubiera arrancado una venda que no estaba lista para quitarme, como si cada pieza encajara de repente y formara algo que no quería ver.
Mi pecho subía y bajaba con dificultad mientras las lágrimas seguían cayendo sin control. Había intentado detenerlas, en serio, pero era inútil. Cada vez que cerraba los ojos, lo sentía… a él… al cachorro dentro de mí.
Kaia, mi loba había vuelto junto con todos mis sentidos y