Lo más sensato hubiera sido cerrar los ojos, colocar mis manos sobre mi cabeza, intentar protegerme o desde el principio no correr hacia acá.
Pero la sensatez desapareció y ahora solo era enojo.
Lo miré directo a los ojos, decidida y desafiante.
Su mano se detuvo apenas unos centímetros cerca de mí.
Sus ojos oscuros, profundos y peligrosos se fijaron en mi presencia.
Ninguno de los dos se movió, algunos murmullos se escucharon, nadie entendía lo que estaba pasando.
—Apártate.
Su voz era profu