Erika quedó paralizada. Su respiración se detuvo por un instante mientras sus ojos, abiertos por completo, miraban la mano que ahora pasaba a través de Astoria, como si ella no estuviera realmente allí.
—No… —susurró temblando— No… no es posible— Retiró la mano lentamente, incrédula, mientras su cuerpo se estremecía de pies a cabeza.
Astoria, quien había observado todo con una calma que le ponía los pelos de punta a su víctima, sonrió con crueldad.
—¿Qué pasa? —preguntó con voz gélida. —¿Espera