El sol era opacado por las sombras de los altos árboles del bosque, creando un ambiente tenso y opresivo. Norman manejaba con fuerza el volante, haciendo lo posible por maniobrar el vehículo en el terreno cada vez más difícil de transitar. Las ramas arañaban al coche y las llantas patinaban sobre el lodo en algunas partes, mientras el motor rugía, luchando contra la resistencia del suelo.
Samira, a su lado, se aferraba al cinturón de seguridad, tratando de estabilizarse en el asiento mientras