Alister, con los ojos fijos en los licántropos que se movían entre los árboles y que lo habían acorralado, sabía que el enfrentamiento era inevitable. Tras un instante, después de que se aseguraron de que el Alfa ya no tenía salida, el primer lobo, un enorme animal de pelaje oscuro y ojos cafés, se lanzó sobre él sin previo aviso, con sus fauces abiertas, buscando destrozar a su presa. Alister, con la velocidad de un rayo, alzó su puño y conectó un golpe devastador en el lobo, haciéndolo volar