Evangeline se quedó completamente inmóvil al escuchar las acusaciones directas de Alister. No había titubeo en su voz ni espacio para dudas. No estaba preguntándole si era culpable, sino exigiéndole explicaciones, como si todo ya fuera un hecho. Evangeline se sintió abrumada mientras su mente era inundada de pensamientos, de posibles respuestas que podría darle al Alfa, pero ninguna le parecía lo suficientemente convincente. ¿Qué podía decirle en ese momento para persuadirlo de su inocencia?
He