Pasamos bastante tiempo charlando y riendo con los invitados, pero Cassidy, con su distintivo tono pelirrojo, brillaba por su ausencia. Había contactado discretamente a Jayden, quien me había asegurado no haberla visto, pero que no bajaría la guardia.
En la sala, una tenue luz dorada resaltaba los destellos de las decoraciones y el brillo de los cristales en las copas, creando una atmósfera cálida y acogedora. La música de fondo, con su elegancia, logró hacer que momentáneamente me distrajera