90. Tranquila
—Mamá, si no te apuras, vamos a llegar tarde.
Poseía un agotamiento extremo que solo evidenciaba la noche que compartí con Alexander. Cuando él se esforzaba por "lastimarme", mi zona lumbar me hacía recordar que recuperarme podía llevar algunas horas. Con esfuerzo me desplazaba entre las sábanas dándome cuenta que estaba sola. Parpadeaba con lentitud al darme cuenta de que en el reloj de la habitación marcaban las siete y media de la mañana.
—Ah ¡Se me hará tarde!
Al intentar moverme solo fui re