17. Parque de atracciones
—¡Michael, detente!
Corría de manera acelerada para atraparlo. Sabía que si no podía convencerlo, iría con el chisme seguramente a su secretaria, y esto se esparciría como la pólvora. Terminé entrando a su oficina con él, donde cerré la puerta. Nuestra mirada se sostenía, pero él la desvió, sonriendo de manera jocosa.
—Te aseguro que no presencié el momento en el que estabas a punto de tener sexo con tu exmarido, con quien tienes una conexión increíble.
—No iba a pasar eso. —Lo apuntaba.
—¿E