En casa de Isabela, ella contemplaba su vestido de novia, faltaban pocas horas para cometer la peor locura de su vida.
Fernando después de tanto pensar, decidió jugarse su última carta. Fue a buscarla, como era su costumbre ingresó por la ventana, hace varias noches que ella cerraba bien, pero esta ocasión fue diferente, era como si hubiera estado esperando por él.
Los dedos de Isa acariciaban la seda de su vestido de novia. Era muy hermoso, sus padres no habían escatimado en gastos. Se suponía