Reymond camina de un lado al otro, él libera tantas feromonas, que no hay manera de que los cocodrilos salgan del agua, al percibir a un contrincante tan fuerte. Pero, yo no puedo esconderme, porque ni siquiera soy capaz de moverme.
El dolor es intenso, al punto que amenaza con acabar con mi vida antes de intentar pujar. Respiro profundo, mientras Reymond llora con sus manos temblando tanto que no es posible intervenir y calmarlo, porque en ese estado es un peligro.
Uno no sabe cómo calmarlo,