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Helene negó, pataleó y lloró, le gritó a Carlo que mentía y una enfermera tuvo que traer un sedante para inmovilizarla.
— No, ¡tenemos que buscarlo! — gritó mientras le llegaba la inconciencia — Déjenme ir a buscarlo.
Cuando despertó, la noche ya había caído, por la ventana del hospital entraba la luz de la ventana y ahí, a su lado, estaba Val. La rubia la miró, tenía los ojos hinchados de llorar y abrazó a Helene.
— Lo siento — dijo. Helene comenzó a ponerse de pie — espera, tienes que d